martes, 20 de agosto de 2013

Del fútbol colombiano y su representación en el mundo


...debemos exigirle más a los ídolos para que suban su nivel de juego y abandonar esa vieja práctica de matarnos por un deporte, cuando el ideal del mismo es tenernos más sanos y alegres...

Alfredo Di Stéfano Foto: Millonarios.com
Una jugada mediática que volviera a poner a Millonarios en un sitio de privilegio dentro de la prensa española, como aquella vez donde goleó al Real en Madrid, era lo que tal ves necesitaban sus  accionistas mayoritarios en este momento. 

Un duelo pactado para homenajear al mejor jugador en la historia de los dos clubes de fútbol, en medio de la Copa Santiago Bernabéu, era el escenario perfecto para que uno de los integrantes de la junta directiva diera ejemplo de honestidad y sacrificio frente a los líos del narcotráfico en Colombia.

Sin duda, es un acto generoso con el fútbol colombiano, hay que saber qué las estrellas tienen dineros mal habidos, así, muchos quisieran que un presidente saliera a decir que no, que todo fue a sus espaldas o que una reina advirtiera que su corona tiene cargamentos y no rubís, o sencillamente, que los que quieren otra Nación confesaran que por años se copiaron de sus archí-enemigos y también les gusta  llevar paqueticos a las fronteras.

Sin embargo, ¿eso qué tiene que ver con una derrota tan abultada en tierras europeas? ¡Claro! Aquí los hinchas saltarán y rasgaran sus vestiduras. Pero al ver la diferencia física y mental entre los jugadores del Real y los de Millonarios a la hora de afrontar un “amistoso”, me hace pensar que debemos exigirle más a los ídolos para que suban su nivel de juego y abandonar esa vieja práctica de matarnos por un deporte, cuando el ideal del mismo es tenernos más sanos y alegres.

Si tan sólo se hubiera visto el máximo del potencial de sus jugadores, un esfuerzo notable, se hubiera dejado el miedo o pánico escénico o la desconcentración, así el resultado fuera el mismo, estas palabras serían de felicitación.


Foto: Eluniversal.com
Pero como lo visto fue pasividad frente al ataque del poderoso Madrid, imprecisión a la hora de los pases, desorganización frente a la altísima habilidad de delanteros y creativos “merengues”, debo recordar que en la cancha había un desequilibrio en las chequeras de los clubes, no de insumos, vi a 11 jugadores profesionales contra otros 11 jugadores profesionales (al menos al inicio del espectáculo).

Por el contrario, a medida que pasaron los minutos, era notable cómo los del equipo azul iban a una pequeña práctica, mientras los blancos se esforzaban por figurar y demostrarle al técnico que podrían colocarlos en la titular. Es comprensible que el fútbol colombiano es más lento, con menor verticalidad y de mayor ida y vuelta en la tenencia del balón, pero es inaceptable que se perdiera la posesión al segundo toque por error no forzado, se marcará con toda la defensa a un jugador dejando un gran hueco en el área y, se perdiera la “motivación” luego de la sexta anotación.
  
Y lo que más pudo indignar, fue ver que al final del partido no se esperara tan siquiera a que se entregaran los trofeos, para que se pidiera el cambio de camiseta con los madridístas. ¡Lo único que faltó fue haber pedido la foto dentro del campo!.

Mención aparte merece el portero Luis Delgado, quien evitó muchos goles y a pesar de tener ya ocho adentro, mantuvo su profesionalismo hasta último momento. El que no estuviera jugando continuamente pudo haber incidido en su rendimiento, pero se enfrentó a los mejores definidores del mundo con un esfuerzo notorio.

Foto: Deportivus.com

Al ver el triunfo azul frente al Junior de Barranquilla por dos goles, se puede analizar los momentos, contextos y necesidades de los jugadores, pero es necesario hacerle entender al jugador de la Liga, que cada vez que juega en el exterior representa toda una agremiación llamada: fútbol colombiano.


La intención no es pedir la crucifixión para los jugadores o dejarlos en el piso. La verdadera propuesta es rodearlos y colmarlos de aprecio. ¿Cómo podemos apreciarlos? Pidiéndoles fecha tras fecha, torneo tras torneo, que ayuden a subir el nivel de la liga colombiana; que corran 90 minutos con toda intención, no con trote de “picadito” y, que cada partido amistoso lo tomen con la mayor responsabilidad y seriedad.

Cabe aclarar que el tema no es sólo con el líder azul, sino con todos los equipos colombianos y en general con todo un torneo profesional de fútbol. Aunque estén jugando con sus ídolos, en la cancha debería haber 22 profesionales, no 11 jugadores y 11 aficionados. 


Por: José Aldemar Garzón González

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